Se ciernen sobre nuestras empresas nuevas amenazas. En esta ocasión, no vienen en forma de ataques informáticos distribuido a nuestros servidores por parte de unos hackers sin escrúpulos, o en forma de potente virus gusano capaz de saltarse los filtros de los firewalls e IPSs, tampoco es un virus letal sin remedio que vaya a dejar inservibles nuestros ordenadores, es algo mucho más sencillo y sin embargo, mucho más difícil de evitar: un empleado que accede a los servidores de su empresa con una memoria usb y copia determinada información confidencial de la empresa.
Se nos plantea un nuevo reto en el ámbito de la seguridad en la empresa: el robo de información sensible. En la actualidad, todos los expertos en la materia coinciden en que el riesgo de fuga de la información se ha vuelto más crítico con motivo de la crisis económica actual.
Los despidos masivos han hecho que aumenten las actividades contra las propias organizaciones desde dentro, por lo que la seguridad adquiere un papel aún más fundamental si cabe.
El aumento del desempleo y empleados descontentos y al borde del despido pone en peligro los datos críticos de las empresas por lo que adquiere una especial relevancia asegurar toda la información de la organización.
La venta de información a la competencia está aumentando, pero el hecho que más se está produciendo es la publicación, en distintos foros o webs, de información sensible y muchas veces manipulada por los propios empleados para dañar la reputación o continuidad de las compañías de las que son despedidos con motivo del ajuste de plantillas que se está experimentando.
No importa si se trata de un banco, una aseguradora o un hospital, los datos son información y la información es poder. Es necesario controlar el flujo de datos que entran y salen de los ordenadores de nuestra red, auditando las aplicaciones y los dispositivos utilizados.
Tenemos que ser capaces de acotar el grupo de usuarios que van a poder utilizar los puertos USB, incluso a un nivel superior, debemos restringir estas memorias a una marca y tamaños concretos y un número determinado de unidades.
Con todos estos controles se reduce al mínimo el riesgo de robo de información, en cualquier caso siempre habrá gente con los privilegios suficientes para sacar información, es por esto que se deberían complementar estos controles, dejando una copia exacta de la información copiada en estos dispositivos en un servidor interno y dejando constancia del registro del usuario, la fecha y la hora.
Tampoco debemos perder de vista la opción de la encriptación. En primer lugar, intercambiar archivos o mensajes por correo electrónico con privacidad y autenticidad, es decir que sólo la persona a la que va dirigido ese mail o información sea capaz de verlo.
En segundo lugar, ¿qué pasaría si mientras transportamos esa información en un disco duro externo o pendrive la perdemos o nos la roban? Si tenemos encriptados estos dispositivos, sólo nosotros seremos capaces de ver el contenido, por lo que nadie podrá utilizar la información sustraída de forma fraudulenta.
Lo que está claro es que los programas de todos estos sistemas de seguridad, han de tener la habilidad de ofrecer esta tecnología a las empresas, sin descuidar la facilidad de implantación y gestión. Seguro que hay sistemas de seguridad infalibles, tan infalibles que ni los propios administradores pueden usarlos después de instalarlos.
Hay que buscar el equilibrio entre la seguridad y la facilidad de uso de dichas aplicaciones. Asimismo, el costo de dichas soluciones nunca será equiparable al costo que puede suponer en una empresa de cualquier tipo la fuga de información confidencial.
Por último, imaginemos un complejo sistema de seguridad para acceder a una oficina con un sistema de reconocimiento del iris. Aparentemente es un sistema seguro y sofisticado, pero ¿qué impediría que cuando se abriese esa puerta no pasen dos ó tres personas más aparte del usuario registrado? Es fundamental preocuparse por la seguridad física y perimetral de nuestros ordenadores y redes, pero en ocasiones nos olvidamos de que el propio ser humano puede ser el sujeto de los problemas de seguridad de una empresa, ya que, como comentaba anteriormente, la información es poder, y el ser humano tiene un precio.
Se ciernen sobre nuestras empresas nuevas amenazas. En esta ocasión, no vienen en forma de ataques informáticos distribuido a nuestros servidores por parte de unos hackers sin escrúpulos, o en forma de potente virus gusano capaz de saltarse los filtros de los firewalls e IPSs, tampoco es un virus letal sin remedio que vaya a dejar inservibles nuestros ordenadores, es algo mucho más sencillo y sin embargo, mucho más difícil de evitar: un empleado que accede a los servidores de su empresa con una memoria usb y copia determinada información confidencial de la empresa.
Se nos plantea un nuevo reto en el ámbito de la seguridad en la empresa: el robo de información sensible. En la actualidad, todos los expertos en la materia coinciden en que el riesgo de fuga de la información se ha vuelto más crítico con motivo de la crisis económica actual.